- La potencia pública instalada en la UE alcanzó 41,6 GW en junio, un 29% más que un año antes, mientras el número de estaciones creció alrededor del 21%.
- España aparece junto con Italia, Chequia, Polonia, Grecia y Bulgaria entre los mercados con mayor distancia relativa entre infraestructura eléctrica y estaciones convencionales.
Europa sigue instalando cargadores para vehículos eléctricos a gran velocidad, pero la expansión no está eliminando las diferencias territoriales. Un balance publicado este 4 de septiembre por ACEA a partir de datos de Transport & Mobility Leuven sitúa a España entre los países con mayor déficit relativo de infraestructura, junto con Italia, Chequia, Polonia, Grecia y Bulgaria.
La potencia conjunta de los cargadores públicos de la Unión Europea llegó a 41,6 GW en junio de 2026, un 29% más interanual. El número de estaciones públicas se situaba alrededor de 195.082 en mayo, un 21% más, y el parque total suma aproximadamente 1,2 millones de puntos de carga. La Comisión Europea tiene como referencia alcanzar 3,5 millones antes de 2030.
La distribución resulta tan importante como el volumen total. Un conductor de un país con buena densidad de carga rápida puede afrontar un viaje eléctrico con una experiencia muy diferente a la de otro mercado europeo con despliegue más disperso. El informe identifica precisamente a España dentro del grupo donde la distancia frente a la infraestructura tradicional de repostaje sigue siendo comparativamente elevada.
El coste introduce una segunda diferencia. Los eléctricos han mejorado su competitividad frente a la gasolina utilizando únicamente recarga pública rápida respecto a 2025, pero el informe atribuye buena parte de esa mejora a un incremento interanual del 17% en el precio de la gasolina, no a una reducción estructural del coste de cargar. La carga rápida pública continúa siendo sensiblemente más cara que cargar en casa.
Esto penaliza especialmente a quienes no disponen de plaza de garaje propia. Para estos conductores, comprar un eléctrico implica depender de una red pública cuya tarifa, potencia y disponibilidad varían enormemente según la ubicación. La situación ayuda a explicar por qué ampliar el número bruto de cargadores no elimina automáticamente las barreras para la adopción masiva.
ACEA representa a los fabricantes europeos y tiene interés directo en reclamar mejores condiciones para la electrificación, por lo que sus conclusiones deben leerse dentro de ese contexto. Las cifras utilizadas proceden del seguimiento de TML y muestran, en cualquier caso, que la transición no depende exclusivamente de lanzar más coches eléctricos: red, energía y acceso doméstico siguen condicionando su competitividad real.







